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Un mundo sintetizado

Primero fue el theremin luego vino la electrónica

Por: Alberto Lazo Ponce de León

 

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Elija su CD favorito. Reprodúzcalo. Encuentre una pista musical en su biblioteca iTunes o equivalente. Dele play. Encienda la radio. Escúchela. Es muy seguro que muchas, sino es que todas las canciones, tengan como base del sonido un sintetizador. Pero espere, no se enfade ni confunda. No es nada malo, pero es muy raro que nos pongamos a pensar en esto al escuchar nuestra rola preferida: vivimos en un mundo “sintetizado”.

¿Cómo llegamos hasta este punto? Bueno, pues como todo tiene un principio también la generación de los sonidos. Pero primero lo primero… ¿un sinte-qué?

Se le llama sintetizador al instrumento musical de tipo electrónico (la clave aquí) cuya principal función es la de producir sonidos. Esto de manera análoga, mediante la manipulación directa de corrientes eléctricas; digital, si lo que se manipula es la onda de Frecuencia Modulada (FM) o mediante un software que moldea y cambia valores numéricos. Tras la manipulación de las llamadas corrientes, éstas producen vibraciones que derivan en aparatos específicos como bocinas, altavoces, audífonos, entre otros.

Estos instrumentos transformadores no son cosa nueva, pero tardaron bastante tiempo en volverse lo que son hoy día. Un pionero de la electrónica soviética, León Theremin, le dio vida al padre de los sintetizadores, el theremin, en la década de los 20. Treinta años después apareció el primero para un medio comercial.

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Harry Olson y Herbert Belar desarrollaron un aparato en 1955 para la RCA, (Radio Corporation of America) al que llamaron RCA Mark II Sound Synthesizer, mejor conocido como “Victor”. Su principal función fue la de investigar las propiedades del sonido, pero el destino no dejaría que quedara sólo en eso y terminó siendo todo un instrumento musical, ya que los productores y compositores de la época (Milton Babbitt, Marion Davido, Morton Subotnik y Charles Wiorinen), quisieron ahondar en las posibilidades de manipulación de melodías y sonidos. Pero Víctor no fue el único prototipo.

En 1964 el neoyorquino Robert Moog produjo una máquina sencilla para el uso doméstico que mediante uno o dos teclados podía crear un gran número de sonidos además de combinarlos y hasta imitar a otros instrumentos existentes. El invento recibió el apellido del pionero de la gran manzana.

En aquel tiempo se pensó que el invento se enfocaría en una elite experimental y vanguardista, ya que muy pocos se atrevían a utilizar el sintetizador. Pero cuatro años después Wendy Carlos, compositora estadounidense, acudió a Moog para grabar las obras del compositor y maestro alemán, Johann Sebastian Bach. El experimento resultó en el álbum Switched-on Bach, disco que rompió records de ventas en Estados Unidos y ganó tres Premios Grammy, algo excepcional para el género de música clásica.

Gracias a esta demostración de lo que podía hacer un sintetizador, grandes fabricantes comenzaron la producción de diferentes modelos y así surgieron el Minimoog y el Synthi Sequencer, (entre muchos otros que elaboraron compañía como Yamaha y Roland) y por supuesto, la música electrónica.

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